La señora Irene Muraña no cabía de alegría. Desde la puerta de su casa era testigo de cómo en pocas horas su tan anhelado invernadero tomaba forma gracias al trabajo de personal de Minera El Abra y colaboradores, que se trasladaron hasta la apartada localidad de Ascotán para realizar este servicio comunitario en el marco de un nuevo Mes del Voluntariado Global de Freeport-McMoRan, corporación de la cual esta compañía es filial.
Desde la mañana hasta avanzada la tarde, el grupo de voluntarios trabajó con entusiasmo para concretar una iniciativa que le dará la posibilidad a Irene y su familia de cultivar hortalizas y verduras como lo hacían sus ancestros indígenas, pero en estos tiempos con la ventaja de que los suelos salinos y las frías temperaturas nocturnas que se registran en el lugar no sean una preocupación.
Se trata de la primera etapa de construcción del invernadero y luego queda una segunda etapa donde se pondrá el polietilino y se harán las camas bajas, lo que permitirá el cultivo de hortalizas.
La beneficiada, que vive a un costado del hermoso Salar de Ascotán, a 4.000 mil metros de altura, pertenece a la Comunidad Quechua de Ollagüe, aunque también es miembro de la Asociación Indígena Cebollar-Ascotán. Cuando la obra finalizó sólo tuvo palabras de agradecimiento por el gesto realizado en su favor. “Yo esperaba esto hace varios años. Quería tener un jardín y hoy lo están haciendo posible. Aquí plantaré lechugas, acelgas, cebollín, esas cosas, así que les agradezco mucho a ellos que vinieron hasta acá”, señaló la señora Irene.
Si bien la motivación principal fue la solidaridad, quienes asistieron al encuentro del voluntariado tuvieron también otras razones para participar. Daniela Umaña, por ejemplo, se sintió impulsada por el deseo de demostrar que es posible el desarrollo de la agricultura en el desierto y a varios metros sobre el nivel del mar. “Quién iba a pensar que la señora Irene va a poder plantar y tener su huerto fuera de la casa en el Salar de Ascotán, además no muchas personas vienen para estos lugares y qué mejor que ella para demostrar que la agricultura también se hace en el desierto de altura”, indicó. En tanto Julio Reyes opinó: “Siempre es bonito ayudar, además hoy pude conocer este hermoso salar y apoyar a una mujer como Irene, sobre todo cuando quiere tener su huerto en un lugar inhóspito como éste”.